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Frank Almonte

Los dos errores científicos de la magnífica «2001: Una odisea en el espacio»

El 21 de julio de 1969 el hombre llegaba por vez primera a la Luna. Casi un año antes se había estrenado una película profética, la obra magna de Stanley Kubrik (1928-1999): «2001: una odisea en el espacio».

Para muchos es una película petulante, pero para otros es, probablemente, la más ambiciosa de todos los tiempos. Vayan por delante dos datos: su grabación duró cuatro años y el presupuesto fue el equivalente a unos quinientos millones de dólares actuales.

La cinta nos relata la evolución del ser humano, desde un estadio primitivo hasta convertirse en un superhombre a lo largo de millones de años, progreso que es controlado por una inteligencia extraterrestre a través de un monolito negro.

La NASA, detrás de la película
El director cuidó todos los aspectos relacionados con la ciencia, quería que fuese lo más precisa posible, por ello contó con el asesoramiento de la NASA, en concreto con el ingeniero que desarrolló las naves del proyecto Mercury –el primer programa espacial tripulado de los Estados Unidos- fue el que diseñó los modelos que aparecen en la película, los trajes y los diferentes artefactos.

Escena de «2001: Odisea en el espacio»

ABC
Kubrik utilizó conceptos de masa interplanetaria y vuelo aeroespacial para recrear con enorme fidelidad lo que sucede en el espacio exterior. No se puede oír al subcomandante Frank Poole gritar cuando corta su cuerda y es arrojado al vacío espacial ni cuando el comandante Dave Bowman se traslada de su cápsula a la nave nodriza por una escotilla de silencio. El silencio es absoluto porque las ondas del sonido necesitan aire para propagarse.

Durante el rodaje se creó la gravedad artificial a través de la fuerza centrífuga, esto es, en situaciones de ingravidez la nave podría girar sobre sí misma para crear una gravedad artificial. Para ello se construyó una enorme centrifugadora giratoria –tenía doce metros de diámetro y pesaba treinta toneladas- en la que los actores tuvieron que hacer uso de cuerdas y arneses para moverse en su interior.

Además, se respetaron de una forma estricta tanto la teoría de la Relatividad Especial –que limita el viaje espacial por debajo de la velocidad de la luz- como la teoría de la Relatividad General.

Algunos errores científicos
Sin embargo, cuando los científicos analizan con una visión crítica la película coinciden en afirmar que Kubrik cometió, al menos, dos errores: la escena en la que a un astronauta se le cae un cubierto y no se queda flotando; y cuando un grupo de personas caminan por la base lunar lo hacen demasiado rápido para el efecto de la gravedad de nuestro satélite.

La verdad es que son errores mínimos, más aún si tenemos en cuenta que en aquellos momentos los científicos carecían de datos reales de los efectos de la gravedad fuera de la órbita.

En la cinta Kubrik pronosticaba que en el siglo XXI tendríamos bases lunares y misiones tripuladas a otros planetas. Desgraciadamente, no disponemos todavía de esa tecnología, en lo que sí acertó fue en las videollamadas, los asistentes virtuales y la tecnología tipo tablets.

En cuanto a la música, su elección no fue casual. El director se decantó por el inicio de la sinfonía «Así habló Zaratrusta», de Richard Strauss (1825-1899) para algunos momentos clave de la película. Esta elección está en consonancia con el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), el autor de «Así habló Zaratrusta», en donde desarrolló su tesis de un ser humano libre de prejuicios y concepciones preestablecidas, lo cual daría origen al concepto del superhombre.

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación
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Frank Almonte

Su pastor personal
El pastor, Frank Almonte es un reconocido comunicador y productor de medios de comunicación cristianos de la ciudad de Nueva York, donde junto con su esposa Rosemary, han estado pastoreando el Centro Cristiano Adonai por más de veinticinco años. Es Doctor en Divinidades de la Universidad Cristiana Logos en Jacksonville, Florida y en Filosofía (PhD) de Texas University of Theology. Es también entrenador y mentor en The John Maxwell University. Su pasión por ensanchar el Reino de Dios lo ha motivado a escribir varios libros, entre ellos, Gobierno Apostólico y Riquezas de las Naciones.