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Frank Almonte

Llegan las festividades y aparecen los sentimientos

Sulamith Ursztajn de Cohen Falah

Llegan las festividades de Rosh Hashaná y Iom Kipur, y, aparecen sentimientos, pensamientos, sensaciones, aromas y sabores…

Dirigirnos juntos al Templo, tomados de la mano, -mi marido y yo- es… tener prisa por llegar, separarnos en los sectores correspondientes, es estar más juntos aún.-

Abro mi majzor (libro de oraciones), para reencontrarme con las plegarias y rezos de siempre, y encontrarlos nuevos otra vez.

Las letras muy erguidas, esperan mi acostumbrado desafío, saben que voy a buscar que esconden este año, que muestran este año, y escondían el año anterior.-

Al rato bailan, se mueven con la humedad de mis ojos, que las miran con asombro y respeto, pues siempre pienso en este idioma que milagrosamente sobrevivió siglos de tortura y de quemas públicas, y hoy, ¡hoy es el idioma en el que hablan, ríen, juegan y sueñan mis nietos en Israel!

Se abre el “Arón”, y cual prendas preciosas, brillan los rollos de la Torah; me estremezco de emoción cuando pasan a mi lado quienes los “pasean” con cuidado y amor, y otra vez presente y pasado mezclados… pienso en nuestro privilegio… llegar libremente a la sinagoga, no tener que esconderse, acariciar y portar con orgullo los “sifrei Torah”, muy parecidos a los que generaciones enteras llenas de odio, quemaban, creyendo en nuestra aniquilación, lo que no pudieron controlar fue las letras, las que bailando la danza del fuego, volaron, y llegaron a nuestros textos actuales…

Levanto la mirada hacia una ventana muy alta, sus vitreaux reflejan el cielo azul -ese cielo me invita a visitar mi niñez; mi mamá en la cocina – preparando manjares amasados con lágrimas y dolor por los que perdió, condimentados con sonrisas y esperanzas al mirarme parada a su lado… los aromas perfuman toda la casa, la observo con qué movimientos suaves prepara la mesa, el sonido de su vajilla y sus cristales; acomoda las sillas para pocos, ¡y sin embargo somos tantos! pocos para levantar la mano diciendo “¡Presente!”, y muchos, en un silencio que aturde diciendo “Ausente”.

Mi padre “protestándole” a D´s, diciendo que iría al Templo, cuando D´s se apersonará explicándole que lo tenía tan ocupado durante los años 40, 42, 43, 44, que no pudo impedir que los alemanes llevaran a las cámaras de gas y a los crematorios a mis abuelos, tíos, posibles primos, y tantas familias, familias de familias….

Así son mis festividades, sentimientos encontrados, recuerdos dolorosos, un pasado pesado, un presente maravilloso, al escuchar a mis nietos cantando canciones de Rosh Hashaná, yo también preparo comida, manjares que condimento con amor, alegría de tener a mi familia, orgullo por pertenecer a este pueblo que no se doblegó, no se doblega ni se doblegará: somos una constante en la historia.

Regreso al servicio del Templo, se recita el “Shemá”, cierro los ojos, las lágrimas igual encuentran puerta de salida; al abrirlos encuentro el rostro de mi querida amiga, me abraza, me conoce, me trae al presente preguntándome ¿Qué novedades de tus hijos?

Mis hijos, mis nueras y mis adorados nietos en Israel me proyectan hacia un futuro lleno de esperanza, y me inunda un inmenso amor por ellos.

Vuelvo a abrir mi majzor, las letras me guiñan un ojo….

Shaná tová umetuká

 

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Frank Almonte

Su pastor personal
El pastor, Frank Almonte es un reconocido comunicador y productor de medios de comunicación cristianos de la ciudad de Nueva York, donde junto con su esposa Rosemary, han estado pastoreando el Centro Cristiano Adonai por más de veinticinco años. Es Doctor en Divinidades de la Universidad Cristiana Logos en Jacksonville, Florida y en Filosofía (PhD) de Texas University of Theology. Es también entrenador y mentor en The John Maxwell University. Su pasión por ensanchar el Reino de Dios lo ha motivado a escribir varios libros, entre ellos, Gobierno Apostólico y Riquezas de las Naciones.