Cuando la iglesia es uno, la iglesia es Cristo (I)
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Isaías 61:1-4
Este es el texto que Jesús escogió para empezar su ministerio públicamente. No fue un texto escogido al azar, sino que fue premeditado y seleccionado a conciencia. Jesús sabe perfectamente la relevancia de este texto de Isaías, ya que explica claramente Su cometido en la Tierra al decidir hacerse hombre y vivir y morir por nosotros. Se resume en Isaías lo que Jesús vino a hacer.
Curiosamente, si lo comparamos con el Salmos 102:12-22, texto lema de este ministerio Plataforma Dínamis (que fomenta la unidad entre los grupos juveniles de las iglesias evangélicas de Valencia), encontramos varias similitudes.
Vamos primero con el Salmos. En este texto Dios dicta al escritor acerca de Su misericordia y continúa hablando acerca de la ciudad de Sion de la cual muestra compasión junto con Sus siervos para edificarla. Muestra, además, su decisión de contestar las oraciones de los desvalidos, los presos y sentenciados a muerte. Todo para la gloria y alabanza de Su nombre y su memoria permanecerá para siempre, de generación en generación. Si te das cuenta es muy parecido con aquel emblemático escrito que el Mesías leyó.
Lo llamativo es que Jesús decide escoger el texto de Isaías para definir su ministerio, y en cambio el texto de Salmos, altamente similar, contiene un condicionante, y es que ocurrirá “cuando los reinos y los pueblos se congreguen en uno para servir al Señor”. Si queremos ver la gloria de Cristo debemos ser uno. Porque cuando somos uno, somos Cristo.
En la medida en que esté en tu mano, lucha por conseguir la unidad en el cuerpo de Cristo, en hacer avanzar el Reino de Dios, el suyo, y no tanto una sola congregación o denominación. Porque ¿qué queremos mostrar nuestra congregación o a Cristo, nuestra denominación o a Cristo? El propio Jesús ya lo pidió al Padre antes de morir: “Ruego porque sean uno, como Tú y yo somos uno. Que sean perfectos en unidad, para que el mundo crea que Tú me enviaste” (Juan 17:21-13). ¿Cómo cambiarán las leyes en la sociedad en favor de los principios y valores que Cristo nos dejó, si su cuerpo no está unido? ¿Cómo marcaremos con el amor de Cristo nuestro entorno si defendemos antes el ego de nuestra congregación o denominación antes que el Reino de Dios?
Ora por tu iglesia y por iglesias que conozcas para que Dios abra puertas para seguir evangelizando como Jesucristo lo haría, así estás siendo uno, estás siendo Cristo. Fomenta la unidad y la vida en comunidad dentro de tu congregación y así estás siendo uno, estás siendo Cristo. Ora por tu ciudad y país para que el Reino celestial se imponga y los hijos de Dios sean prosperados, bendecidos y puedan alcanzar a más personas con Su mensaje, haciendo esto estás siendo Cristo. Cuando más dejemos de ponernos la “zancadilla ministerial” entre iglesias o denominaciones y más busquemos el bien del otro de forma incondicional sin esperar nada a cambio (como Jesús hizo por nosotros en la cruz), estaremos siendo uno, estaremos siendo Cristo. Cuando menos busquemos nuestra fama y más la fama de Dios y de Su iglesia en todo el mundo, estamos siendo uno, estamos siendo Cristo.
Porque la restauración y el cambio expresado en Salmos, muy similar al de Isaías, acontecerá cuando nos reunamos en uno para servir juntos al Señor. Al Señor y no a mí mismo. Cristo ya lo hizo todo, ahora nos deja el testigo para que sigamos con Su deseo, es nuestra tarea continuar con Su voluntad. Y solo se cumplirá cuando decidamos vivir en unidad.
Busca ser Cristo, busca ser uno.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17:23
